Cuando acudí a la Comisión Federal de Electricidad (CFE) a pagar mi recibo de luz, en el estacionamiento encontré a una señora con sobrepeso que me pidió que le cuidara su sedán rojo 1984 que dejaría encendido pues no retenía la carga su batería.  Mientras ella subía las escaleras al local, una mujer alta y delgada le dijo que era una “vieja pesada y horrible” y que debería quitarse del camino.  La señora se regresó y le dio una cachetada tan fuerte que hizo a la mujer recargarse en el barandal o caería; ella comenzó a llorar alegando que no había hecho nada malo.  El sedán rojo 1984 planeaba su salida cuando se apagó, le dije a la dueña que abriera el switch, colocara la neutral, lo empujé tantito y colocó la primera para irse.  La lección que a la mala aprendió aquella prejuiciosa mujer es “cuidado con lo que dices porque puedes despertar una leona dormida”.

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